martes, 31 de julio de 2012

VIAJE A ESPAÑA - DE SANTIAGO DE COMPOSTELA A MADRID

Martes 31/7/012. A las 8,15 estaba desayunando, hice el check out, y a las 9 llamaron un taxi que me llevó a la estación de autobuses. En el mostrador de Alsa pregunté si el bus hacía alguna parada y me dijeron que en Ponferrada paraba 15 minutos.
Salió puntual a las 9,45 y primero se fue a La Coruña, más al norte, es decir que se alejó de Madrid. Se ve que ahorró tiempo en algún tramo porque en Ponferrada paró media hora y no quince minutos. Tuve tiempo de ir al baño, de comer un bocadillo y fumar un cigarrillo.


El bus era muy cómodo, aunque era el de los pobres y no el Supra, que salía a las 7 de la mañana. Adentro tenía un muy buen aire acondicionado (como para estar con abrigo) y tenía los vidrios polarizados, así que el sol no molestaba.
El cartel con la temperatura exterior llegó a decir 36 grados, subía a medida que se acercaba a Madrid.
Parte del viaje estuvo sentado detrás mío un chiquito que no paraba de hablar, pero igual dormité. Llegué a Madrid a las 19,30. Hacía un calor infernal. Yo no conocía la Estación Sur y había estudiado la forma de ir en metro hasta el hostal, pero decidí tomar un taxi.
A las 8 de la noche, pleno día, ya estaba en el Hostal Cibeles. Me dieron la misma habitación que cuando llegué el 16/7, pero después me cambiaron a la de al lado porque el aire acondicionado no quería prender.
Dejé mis cosas y me fui al KFC de Plaza del Sol, hace rato que no comía el pollo de KFC que tanto me gusta. Muchísima gente en la calle, y un grupo de policías en la Plaza, vi muy pocos en este viaje.
Me compré una botella de agua y me volví al hostal y al aire acondicionado. Mañana, último día en Madrid, a la medianoche vuelvo a BA.


lunes, 30 de julio de 2012

VIAJE A ESPAÑA - SANTIAGO DE COMPOSTELA Y FINISTERRE

Lunes 30/7/2012. A las 8,15 estaba desayunando. Me parece que soy la única pasajera del hotel. Las personas con quienes me crucé -todos alemanes que vienen a hacer el Camino de Santiago- se fueron ayer a la mañana.
Me fui caminando a la estación de autobuses para ir a Finisterre, el bus salía a las 10. Mientras tanto compré el billete para ir a Madrid mañana a las 9,45. Finalmente decidí ir en bus. Descarté Iberia porque es muy caro, descarté Ryanair por el tema de la valija, que no sé cuanto pesa y hay restricciones para llevar equipaje en las líneas low cost, y descarté el tren porque está completo.
El autobús tardó dos horas y cuarto en llegar a Finisterre, Fisterra para los gallegos, porque fue parando en varios pueblos. Pero el camino es una maravilla. Bajó un poco hacia el sudoeste para recoger pasajeros en una ciudad que se llama Noia, y después fue bordeando el mar, la Costa da Morte y las rías bajas. Un verdadero espectáculo adicional. No tenía idea cual era el itinerario y me senté en el lado equivocado, pero a la vuelta me desquité y saqué decenas de fotos.
La parada de los autobuses está frente al puerto. 



Allí pregunté por la oficina de turismo, pero me dijeron que estaba cerrada y abría a las 15. Pregunté en una empresa de turismo cómo ir al Cabo Finisterre (son 3,5 km en subida y no tenía la menor intención de ir caminando), y me dijeron que tomara un taxi, y me indicaron la parada, allí a 30 metros. El taxista me llevó, me esperó y me trajo de vuelta. Cumplí mi sueño de conocer ese lugar maravilloso, la Finisterrae romana, el fin de la tierra, el lugar donde el monje Galceran de Born negocia con Manrique, el Caballero Templario, mientras su amante Sara y su hijo Jonás lo esperan en una barca frente al Cabo (Iacobus, Matilde Asensi).
Allí está el faro frente al mar abierto.





De vuelta en Finisterre, elegí uno de los bares frente al puerto y comí tortilla con jamón ibérico y tomé cerveza con gaseosa de limón. Como mantel individual me pusieron un mapa detallado de Galicia. Pedí permiso y me lo llevé.



Al lado del malecón el agua es turquesa y se ven los peces:



Después me fui caminando por el muelle, desde allí se ve la ciudad, los barcos, y las casitas colgadas de los cerros. Un paisaje precioso. El puerto está en la ría de Corcubión.








A las 3 de la tarde salía el autobús de vuelta a Santiago. Eramos muchas personas esperándolo. Me senté esta vez en el lugar correcto, a la izquierda, para tener el mar de mi lado, porque íbamos hacia el sur. En el autobús hacía mucho calor, y no tenía buen aire acondicionado, y además estaba completo.
El paisaje es un sueño, mucho verde y playas de arena blanca como harina:











Tardó otras dos horas y cuarto en llegar a Santiago. En la estación me compré una gaseosa para reanimarme. A la sombra el clima es muy agradable y hay brisa. De la estación salen autobuses urbanos, pregunté porque quería ir nuevamente a la catedral y no tenía intenciones de caminar. Tomé el autobús y llegué. Estaba buscando el famoso Pórtico de la Gloria, y hoy lo encontré, está detrás de la gran puerta que da a la Plaza do Obradoiro, pero hay andamios porque está en reparaciones, sólo está visible la figura central de Santiago.



Volví caminando al hotel, compré Piedras de Santiago, que son bombones de almendra, y en el camino me compré otra gaseosa. Hoy pasé mucho calor. Y pasear todo el día también cansa.
A las 9 salí a comer un "bocadillo" en un barcito muy agradable que está justo al lado del hotel y que recién descubrí hoy, debió estar cerrado el fin de semana. El bocadillo era enorme y riquísimo, jamón ibérico con queso y el pan apenas tostado. 

domingo, 29 de julio de 2012

VIAJE A ESPAÑA - SANTIAGO DE COMPOSTELA Y LUGO

Domingo 29/7/2012. A las 8,15 estaba desayunando y sacándole fotos a los peces del estanque del patio del hotel. 




Después me fui otra vez a la Catedral, era temprano pero ya había bastante gente. Bajé a la cripta del Apóstol y subí por una escalera sobre el altar donde hay una estatua. El lugar se llama "el abrazo del santo". La gente lo abrazaba. Como la Catedral de Oviedo, ésta también tiene un pasillo en semicírculo detrás del altar donde hay capillas. Recién a las 10 había misa pero ya varios curas cantaban en el altar.
Después me iba caminando a la estación de autobuses, pero allí cerca había una parada de taxis, así que tomé uno. Llegué a las 10, y a esa hora se iba el autobús a Finisterre, así que decidí ir a Lugo, que es otro lugar que quiero conocer por su muralla romana. Salió a las 11 y tardó una hora y media en llegar. Allí mismo frente a la estación estaba la impresionante muralla romana, que según Lonely Planet es la mejor conservada del mundo.
Entré por la Puerta del Castillo y ví el impresionante edificio del Ayuntamiento. 




Allí hay un monumento a los fundadores César Augusto y Fabio Máximo en el 2021 aniversario de la ciudad, en 2007. Casi nada. La llamaron Lucus Augusti.



En un azulejo en una tienda de souvenirs, un pensamiento muy inteligente de Voltaire:



Llegué a la Catedral y había música en la plaza de enfrente. 




En el piso, debajo de un vidrio, hay una piscina romana:


Pregunté cómo subir a la muralla y me indicaron. Caminé por la muralla hasta llegar otra vez a la Puerta del Castillo.  






La ciudad conserva todo el perímetro de la muralla, y todas las puertas, se puede recorrer en su totalidad:




La estación de autobuses estaba allí enfrente y eran las 2 de la tarde. Me senté a tomar una cerveza con limón porque a las 14,30 salía el autobús nuevamente hacia Santiago de Compostela.
Tardó como dos horas, porque hizo paradas y pasó por el aeropuerto de Santiago, que es enorme.
Me fui caminando hasta el Parque de San Domingo de Bonaval porque me dijo una de las chicas de la recepción que allí había puestos de artesanía. No había, pero sí otra fiesta, un cantante y gente bailando.




España en esta época vive de fiesta.
Volví caminando al hotel y en el camino compré una minitarta de Santiago y otro bollo con crema pastelera porque este es un lugar muy particular y Diana, la recepcionista que está a la tarde, cuando llego, me invita a tomar café y se queda conversando conmigo. Tiene un novio venezolano y le interesa América.



Me quedé conversando un rato con ella y después subí a mi cuarto a escribir.

sábado, 28 de julio de 2012

VIAJE A ESPAÑA - DE LA CORUÑA A SANTIAGO DE COMPOSTELA

Sábado 28/7/2012. Salí del hotel a las 8,30. El bar de la esquina estaba cerrado, pero encontré otro una cuadra más cerca del puerto, donde tomé café con un churro. Después me fui caminando al Museo Arqueológico, que está en el Castillo de San Anton. Pasé por la marina, muchos veleros.



El Castillo de San Anton originalmente fue construido en una isla, pero ahora se llega caminando por el malecón del puerto. Llegué temprano, abre a las 10 y todavía faltaba un rato, había otras personas esperando. 



Allí se muestra el edificio, que es de piedra, los cañones preparados para defenderse de un ataque por mar, el faro, objetos encontrados en excavaciones y pertenecientes a la época romana, y la casa del gobernador del fuerte con sus muebles. 



En el malecón hay bancos curvos de piedra con la inscripción "Puerto de La Coruña". La gente pasea, corre y anda en bicicleta por allí.




Volví al hotel y pedí que me llamaran un taxi para ir a la estación de autobuses. Allí esperé el  que salía 13,15 para Santiago de Compostela. 
En el piso de la estación de La Coruña está el escudo de la ciudad:



Ya lo había visto bajo la estatua de María Pita, pero este era mucho más vistoso: está la Torre de Hércules, las vieiras a los costados, símbolo del Camino de Santiago, y la calavera, que recuerda al gigante Gerion, a quien Hércules mató para liberar a la ciudad.
Santiago está sólo a 65 km de La Coruña, llegué a las 2,05.
En la estación de Santiago busqué la parada de taxis. Era una mujer taxista que me subió la valija al baúl, pero cuando le dije que iba a la calle Santa Clara No 12 me dijo que no valía la pena tomar un taxi, porque era ahí "donde terminan esos árboles", y me señaló a unos 200 metros de la parada.
Me pareció raro porque yo había buscado en google maps y eran unas diez cuadras, pero no me pareció lógico discutirle a una taxista local. Sacó mi valija del baúl y me mandó caminando, y eran como diez cuadras! Menos mal que eran en bajada.
El Hotel Santa Clara está apenas afuera del centro histórico, y mi habitación es un modelo de diseño y de aprovechamiento del espacio. 




El hotel es un edificio antiguo reciclado con muy buen gusto. Atrás hay un patio con un estanque y peces. 
Dejé mis cosas y fui a caminar, desde acá se ven las torres de la catedral. Justo cuando llegaba a la Plaza del Obradoiro estaba el trencito turístico y me subí. Dió una vuelta de 45 minutos por la periferia del centro histórico, no fue muy interesante.
Cuando volvió a la Plaza del Obradoiro me encontré con la fachada principal de la catedral. 



Ya había visto fotos, pero verla en la realidad es impactante. En el otro lado de la plaza y bajo unos techos cónicos blancos se escuchaban golpes y me acerqué a mirar: era un concurso de grabado en piedra.





Subí las escaleras y quise entrar en la catedral, pero estaba cerrada. Pregunté y me dijeron que había que entrar por los laterales. El tamaño de la iglesia es monumental. La rodée y entré por un lateral, y entonces me di cuenta porqué no dejaban entrar por el frente: entre todos los turistas, los peregrinos, los curiosos, niños que lloraban y gente que iba y venía, se estaba celebrando una boda. 



Los novios se llamaban Carmen y Miguel, según dijo el cura. Era una ceremonia larga, y había un grupo que cantaba y tocaba dos instrumentos que no tengo idea como se llaman, y sobre todo una soprano que cantaba maravillosamente. 



Vi el botafumeiro, el enorme recipiente de incienso, y la cuerda de la cual está colgado.



También una enorme araña con todas sus luces encendidas:



Cuando salí y pasé otra vez por la Plaza del Obradoiro, había un grupo de gaiteros que tocaban música gallega. Como estaban todos mirando hacia la catedral, le pregunté a uno de ellos si eran parte de la boda y me dijo que si.



Caminé por las calles, mucha gente, iglesias por todos lados. Hay mucha tienda de artesanías y dulces que ofrecen probar a los que pasan.
Probé tarta de Santiago, bocados de almendra, y lo más rico, las piedras de Santiago, que son como bombones de almendra. Después me senté en un bar a tomar un café. Venden cosas dulces por todos lados, que tentación!



Pasé por la Plaza Cervantes, donde venden libros, y volví al hotel caminando, pero tuve que preguntar.



Aquí enfrente están el Convento y la Iglesia de Santa Clara, por eso la calle y el hotel se llaman así. 



La empleada de la recepción me preguntó si había visto la catedral y le conté del casamiento, me dijo que había tenido mucha suerte, porque era raro un casamiento en pleno mes de julio. O sea que fue un privilegio adicional, sobre todo escuchar a la soprano.
Me compré una gaseosa de limón y pistachos en un supermercado, ya no creo que salga hoy, mañana quiero volver temprano a la catedral para verla con menos gente y sin boda.