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sábado, 25 de enero de 2014

VIAJE A JORDANIA, ESPAÑA Y MARRUECOS - DE RABAT A TANGER

Viernes 24/1/2014. A las 8,30 salimos a hacer una visita por Rabat. Tenía en la mano mi cámara de fotos y la puse en el asiento de al lado sobre la campera. Pero cuando bajamos en el mausoleo de Mohamed V no la pude encontrar y tuve que sacar fotos con el celular.
Mohamed V era el abuelo del rey actual y fue quien declaró la independencia de Marruecos en 1956. Es muy querido por los marroquíes. En el mausoleo está su tumba y también las de sus dos hijos, el padre y el tío del actual rey Mohamed VI. En el mausoleo hay guardias a caballo.








Allí también está la Torre de Hassan, que es el minarete de la mezquita que está en la misma explanada.


Seguí buscando la cámara cuando regresamos al ómnibus y finalmente la encontré, se había metido adentro de una de las mangas de la campera. Nuestra siguiente parada fue en el Palacio Real que está adentro de una fortaleza amurallada. Dentro de las murallas viven los 500 empleados del palacio y sus familias. Hay escuela y mezquita.




Rabat es una ciudad muy bonita y se ve el río Bu Regreg, que la separa de la vecina  ciudad de Salé.




Fuimos también a otra fortaleza que es el barrio bereber. Los árabes y los bereberes son las dos razas que conviven en Marruecos, y todos son musulmanes.


En la fortaleza bereber hay callejuelas y las casas están pintadas de celeste, porque ese color ahuyenta los mosquitos.




Cuando salimos de la fortaleza subimos al ómnibus para dirigirnos a Tánger. Todos los campos están cultivados, todo se ve muy verde.


Llegamos a las tres de la tarde previa parada para almorzar en la ruta.



Todo el grupo está en el Hotel Atlas Rif que está frente al mar, Tánger también es un puerto sobre el Océano Atlántico.


Un rato más tarde salí con las primas Mónica y Alicia y caminamos por la medina y por la parte nueva de la ciudad, que aquí también se llama Ville Nouvelle.











jueves, 23 de enero de 2014

VIAJE A JORDANIA, ESPAÑA Y MARRUECOS - DE MARRAKESH A CASABLANCA Y RABAT

Jueves 23/1/2014. Desayunamos y salimos casi a las 9 de la mañana de Marrakech, con sus palmeras y sus edificios de color rosa.




Fuimos por la autopista hacia el oeste, a Casablanca.
Llegamos al mediodía. Casablanca es un puerto sobre el Océano Atlántico y la ciudad más grande de Marruecos, con siete millones de habitantes. El ómnibus paró en la playa. Había viento pero lindo sol.





Teníamos tiempo para almorzar y varios fuimos al McDonalds que estaba cerca de allí. Comí McFondue, y era más queso que hamburguesa, muy rica.
En este cartel dice McDonalds en árabe.



Después fuimos a una impresionante mezquita al lado del mar.




Por lo general los no musulmanes no pueden entrar en las mezquitas, pero en ésta sí se podía, previo pago de 12 euros. Sólo cuatro personas del grupo entraron, los demás la vimos de afuera y nos llevaron al centro.
El centro no era tan lindo como la zona de la playa, Casablanca es una ciudad grande e impersonal.
Caminamos por allí. Entramos a un negocio que vendía chafalonías y vimos pasar el tranvía.


Allí al final de la plaza estaba la entrada a la medina.


Tomé un café en un bar y al rato salimos para Rabat. El ómnibus tardó más de media hora en llegar a la autopista, había muchísimo tráfico.


Llegamos a Rabat, la capital del reino, a las 18,30. Pasamos por la entrada de la medina y era un gentío, era jueves a la noche y víspera del día festivo de los musulmanes, que es el viernes.
El tranvía pasa por la puerta del hotel y Halami indicó cómo llegar a la medina para los que quieran ir esta noche, pero yo no voy, ya vi demasiadas medinas en este viaje.
El hotel es de cinco estrellas de la cadena Golden Tulip, pero hay Internet sólo en el lobby.
Sobre el escritorio de mi cuarto está indicada la dirección de La Meca, por si se me ocurre rezar.


A las 7,45 bajé a comer lo de siempre: pollo, aceitunas, puré e innové con unas albóndigas aplastadas bastante condimentadas. 

miércoles, 22 de enero de 2014

VIAJE A JORDANIA, ESPAÑA Y MARRUECOS - MARRAKESH

Miércoles 22/1/2014. Desayunamos y a las 8,30 nos vinieron a buscar para hacer la visita a la ciudad con una guía local.
Esta es la vista desde mi balcón del hotel Atlas Asni, muy lujoso pero la conexión a Internet es de terror.



A Marrakesh la llaman “la ciudad roja”, todos los edificios son del mismo color rosado, y es obligatorio pintarlos de ese color, el del desierto. En realidad es rosa, como Jaipur en la India.





Nuestra primera parada fue en el minarete de la mezquita Kutubia, gemelo de la Giralda de Sevilla, claro que éste sin campanas. Las tres bolas doradas en la parte superior dicen que representan las tres religiones monoteístas. La constitución marroquí garantiza la libertad de culto.


Allí mismo hay una antena disimulada en una falsa palmera, no lo hubiera advertido si la guía no la hubiera mostrado.


La segunda parada fue en el barrio judío de Marrakesh, en la kasbah, que significa fortaleza. 



Allí están los nidos de cigueñas como en Alcalá de Henares.


Allí dentro de la fortaleza hay un cementerio con las tumbas saadíes. En el interior los reyes y afuera, sus servidores.


Hay una tumba rodeada de barrotes de madera que según la guía pertenece a un niño y simboliza una cuna.


Las casas de los musumanes no suelen tener ventanas exteriores, o son muy pequeñas. En cambio en el barrio judío sí hay ventanas.



Luego fuimos al Palacio de la Bahía, que pertenecía a un visir que tenía cuatro esposas. Vimos los cuartos de las esposas y el del visir, todos con cielorrasos increíbles de madera de cedro pintada.







Después fuimos hacia el zoco, dentro de la medina, donde venden de todo.






Allí nos llevaron a una herboristería, donde nos dieron una explicación sobre especias, plantas medicinales y cosméticas y el aceite de argán, típico marroquí.



También nos llevaron, dentro del zoco, a una tienda de artesanías. Adentro había dos hombres peleándose. Por supuesto que no entendí por qué, hablaban en árabe, pero en un momento otro los separó porque se estaban por pegar. Esa situación violenta, y el olor fuerte que había allí adentro me hicieron salir a la calle enseguida. Afuera lloviznaba, los dos peleadores también salieron y siguieron peleándose afuera, uno a cada lado mío!!
Cuando todos salieron fuimos hacia la Plaza Jamaa el Fna, donde habíamos estado la noche anterior. No estaban los restaurantes como a la noche, pero había puestos de fruta, de souvenirs, de tatuajes con henna y los encantadores de serpientes, que en realidad son tristes culebras de 50 cm. Cobran para ponerlas en el cuello de los turistas y que se saquen fotos. Me alejé porque no quería que se me acerquen ni aunque me pagaran ellos a mí.




El ómnibus volvía al hotel, pero yo decidí quedarme en la plaza. Seguía lloviendo. Caminé por el zoco. Quería comprar un adorno que es la mano de Fátima, la hija del profeta Mahoma, que se cuelga en la puerta para parar la mala onda y dar buena suerte. Había algunas muy bonitas. También había túnicas y bolsos, pero sabía que había que regatear y eso me resulta muy difícil.
Entré en un negocio donde había muchas manos de Fátima. Elegí una que me gustó con una piedra lila y le dije que quería cinco llaveros para regalar también con la mano de Fátima. Los árabes son muy vuelteros y se niegan a decir el precio de entrada, que sería mucho más fácil para mí. Finalmente me dijo que eran 700 dirhams (más o menos 700 pesos). Le dije rotundamente que no y me iba, pero me preguntó cuanto quería pagar. Le ofrecí 100 dirhams. Me dijo que no, pero en seguida me rebajó el precio a 300 dirhams. Le dije que era muy bonito pero no podía pagar eso. Me fui. Me siguió, quería que volviera, yo me negaba, pero insistía, y finalmente me rebajó el precio de 130 dirhams. Quedé agotada, no me gusta el regateo. Esto es para que sepan los que van a recibir los llaveros lo que me costaron, no en plata, sino en esfuerzo físico!!
Después de esta experiencia decidí no comprar más nada. Había visto un KFC cerca del minarete de la mezquita Kutubia, y después de la experiencia de las manos de Fátima me lo merecía. Lo encontré enseguida y comí allí.
Mientras estaba sentada en el KFC ví en la plaza el bus turístico. Llovía y era una buena opción. Fui hasta allí y di una vuelta por la ciudad, pero el servicio era bastante precario. La parte superior tenía techo pero no ventanas, los asientos estaban mojados y el audio no funcionaba. Abajo los vidrios estaban sucios. La vuelta duró una hora y me dejó nuevamente en la Plaza Jamaa el Fna. 





Tomé un taxi y volví al hotel a las cinco de la tarde, con las zapatillas y las medias mojadas y muerta de frío. Me puse medias y zapatillas secas y bajé a tomar un café caliente. Para compensar tanta incomodidad me pude conectar a Internet.
A las 8 bajé a cenar lo de siempre: pollo y aceitunas.