miércoles, 17 de abril de 2019

VIAJE A UZBEKISTÁN - DE KHIVA AL MAR DE ARAL

Lunes 15/4/2019. Quedamos con Kamol que venía a buscarme 5,30. Hay tres horas de viaje desde Khiva a Nukus, y desde allí un gran trecho hasta el campo de yurtas sobre el mar de Aral. Dormí muy mal, tenía temor de quedarme dormida.
Yo fui la primera que vinieron a buscar, después pasamos por otros hoteles para recoger a los rusos.
Cerca de las 9 de la mañana llegamos a Nukus. En una especie de hotel desayunamos, en una cama turca, de esas que tienen una mesa en el medio. Café,  queso y fiambre,  aceitunas y pizza.



Después nos distribuimos en tres camionetas Toyota para ir al desierto. En la mía iban el conductor, Kamol, Tanya y yo. Tanya es rusa de San Petersburgo y trabaja en el Hermitage, uno de los museos más importantes del mundo. Habló conmigo en inglés y gracias a ella abandoné para siempre la idea de que los rusos son gente hosca y poco comunicativa.
Encaramos la ruta del desierto hacia el norte. Al principio era un camino, y más tarde se convirtió en una huella. Pasamos por una ciudad que se llama Kungirot. Voy siguiendo el recorrido con mi mapa offline, que increíblemente funciona en pleno desierto.




 Esta soy yo en la conquista del desierto.




El lago Sudochi. Aquí cerca paramos en un rancherio y comimos sándwiches.  Después seguimos viaje.




Y llegamos al famoso mar de Aral











Nos acercamos caminando a la orilla del mar.





Y finalmente llegamos al campamento de yurtas, en la orilla sudoeste del mar de Aral


Esta era la de las chicas.


Puesta del sol en el mar de Aral.


En la ladera de la colina decía "Welcome", como en Hollywood!


A unos treinta metros de las yurtas estaba el baño. Por lo menos era un inodoro y no un agujero en el piso. Podría haber sido peor.


Estaba señalizado el estacionamiento. Increíble.


También la zona de fumadores.


En la yurta restaurante sirvieron la cena, que era pluv. Como yo no como arroz me ofrecieron huevos, pero no tenía hambre y estaba terriblemente cansada, solo comí una manzana. Los rusos después de comer empezaron a tomar cognac y después vodka. Yo me fui a dormir a la yurta 2, que era la de las chicas. Había electricidad para cargar el celular y funcionaba una especie de caloventor.
Afuera hacia mucho frio. Ni escuché cuando las rusas volvieron.

VIAJE A UZBEKISTÁN - KHIVA

Domingo 14/4/2019. Ayer el guía uzbeko me dijo que empezaba 9,30. Desayune y a las 8,30 fui al lobby y ya estaba el guía del resto del viaje, que se llama Kamol. No habla español, solo inglés.
Fuimos caminando hasta la Ciudadela amurallada. Dentro de ella están todos los monumentos.


En la entrada, está este mapa de la ruta de la seda.


Muchísima gente, era domingo y vinieron a pasear. Muchos chicos y adolescentes.


Este minarete es espectacular y pertenece a una de las antiguas madrasas del complejo, que ahora es un hotel. Se podía subir pero no lo hice.






Este es el palacio real. En esta terraza se sentaba el rey.




Estos nichos marcan la dirección de La Meca para que los creyentes recen mirando hacia allí.  Están en todas las mezquitas.



La Ciudadela tiene cuatro puertas, y son similares.




Adentro había muchísimos puestos vendiendo de todo. Los chicos compraban pulseras y cadenitas.


Vendían gorros de piel como usan en Siberia, pero acá hace 20 grados.











Varios grupos de personas quisieron sacarse fotos conmigo, como en la India. Parece que soy muy exótica.  El que está a mi izquierda es mi guía Kamol. La foto la sacó una chiquita muy joven que se llamaba Sevira. 




La mezquita, con columnas de madera. Me recordó la de Córdoba.




Fuente de agua dentro de una madrasa, para que los creyentes se laven antes de rezar.


Al mediodia nos encontramos con el grupo de rusos y fuimos a comer a un restaurante.  A la izquierda, pasas de uva. A la derecha, una especie de garrapiñada.
Alli me enteré de que solo siete personas seguimos al mar de Aral, solamento los valientes, seis rusos y yo.


Los uzbekos comen mucho pan. Por encima le hacen unos dibujos con un aparato con pinches. Me compré uno.


Quería comer los pinchos de carne picada, que se llaman "shashlik", pero no tenían.  Esto era beef kebab servido en tabla, con arroz, tomate, pepino y papas fritas. Cuesta 40.000 som, un poco menos de 5 dólares.


Este era el harén en el palacio real.








Dentro de la Ciudadela había un banco y cambié 50 dólares a som. Le pregunté a Kamol quien era el del retrato que estaba allí.  Es el presidente de la República de Uzbekistán.  Entonces pregunté si el banco era estatal, pero no, es privado! Como si en Buenos Aires entrará al Banco Patagonia y estuviera la foto de Macri enmarcada en la pared, muy raro!


Esta es otra de las puertas de la Ciudadela.







A las 6 de la tarde salimos de la Ciudadela y me fui a descansar al hotel un rato.




Vino Kamol a buscarme una hora y media más tarde y caminamos otra vez a la ciudadela. Hay trolebuses en Uzbekistán.


A la caída del sol el minarete era todavía más impactante.



Fui con Kamol a comer a un restaurante dentro de la Ciudadela. La vajilla es preciosa.


Aquí está otra vez el pan uzbeko con los dibujos. Fuera del restaurante estaba el horno de barro y los traían recién hechos.


Los shashlik, buenísimos,  son de carne picada condimentada, puede ser
comino, tengo que averiguar.


En todas las ciudades de Uzbekistán hay un carrusel, pero nunca vi uno funcionando. Cuando volví al hotel se estaba poniendo el sol.