jueves, 9 de octubre de 2014

VIAJE A CHILE - DE TORRES DEL PAINE A PUERTO MONTT

Jueves 2/10/2014. A las 8 de la mañana ya había desayunado varias exquisiteces y salimos hacia Punta Arenas: Loreto, que es la gerente del Camp, y a quien todos llaman “la jefa”, que tenía que hacer trámites allí, y yo, Luis manejaba.
Antes de irme, saqué las últimas fotos de Patagonia Camp:





Son cuatro horas de viaje. En el camino leí el libro que ayer me prestó Francisco sobre el pionero José Nogueira, que era un portugués que se embarcó como marinero de adolescente, e hizo una gran fortuna con la caza de lobos marinos, fue armador de buques y ganadero. Se divorció de su primera esposa y luego se casó con Sara Braun, cuya familia venía de la actual Letonia y también se HABÍAN establecido acá. El hermano menor de Sara, Mauricio Braun, fue el asistente y luego apoderado y mano derecha de José Nogueira, que murió de tisis antes de los 50 años. La viuda heredó una gran fortuna, que administró junto con su hermano.
Para que no pasara otra vez largas horas en el aeropuerto –mi vuelo a Puerto Montt salía a las 19,05-, la jefa Loreto consiguió que una agencia de viajes que ella conocía me tuviera el equipaje para que yo paseara por Punta Arenas. La agencia estaba muy cerca de la plaza, así que pude visitar la casa de Sara Braun, un palacete de estilo francés en el cual vivía sola, y la casa de su hermano Mauricio Braun y su esposa de apellido Menendez, otro palacio.
Punta Arenas era un puerto muy importante hasta los primeros años del siglo XX, cuando se construyó el Canal de Panamá. Antes, para pasar de un océano al otro los barcos pasaban por Punta Arenas. Hay allí muy bonitos edificios de esa época:






Este es el palacio de estilo francés de Mauricio Braun:









Caminé hasta el mar por la calle Presidente Julio A. Roca.




Ví el palacio de Sara Braun:






En una vidriera estaba la bandera de la región de Magallanes, cielo, montañas y la cruz del sur:


Volví al centro, comí un sándwich de ave y queso, como le dicen en Chile, y a las 5 de la tarde estaba otra vez en la agencia amiga de la jefa. Ellos me llamaron un taxi para que me llevara al aeropuerto. La visita a Punta Arenas no estaba prevista y fue un interesante agregado de este viaje, gracias a la jefa.

El avión no llegaba, se retrasó y salió una hora tarde. Recién a las 10 de la noche llegué a Puerto Montt. Tomé un taxi para ir al Hotel Miramar, que tenía reservado, que era horrible, su única virtud era estar a unos metros de la Terminal de Ómnibus, desde donde saldría la mañana siguiente a Castro, capital de Chiloé. Tomé un jugo y me fui a dormir.

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