jueves, 9 de enero de 2014

VIAJE A JORDANIA, ESPAÑA Y MARRUECOS - PETRA

Miércoles 8/1/2014. El desayuno en el hotel Petra Panorama es bastante pobre. Nada de delicias con pistachios y sésamo. Lo único rico es el yogur griego.
A las 8 nos vinieron a buscar y pasamos por los otros hoteles a buscar a los demás, recorriendo la ciudad de Wadi Mousa (Valle de Moisés) porque aparentemente el nombre de Petra está limitado a la ciudad de piedra.




Y llegamos a Petra -objetivo principal de mi viaje a Jordania-, capital del antiguo reino nabateo.


El primer tramo es un sendero de 800 metros, con otro sendero paralelo donde los que quieran pueden ir a caballo, que está incluido en el precio de la entrada, aunque hay que darle una propina al beduino dueño del caballo. En este sendero ya hay cuevas y monumentos cavados en las rocas. Caminé los 800 metros, porque no tenía la menor intención de subirme a un caballo.





Cuando termina el sendero hay una tienda que vende artesanías, incienso y mirra. Allí empieza el siq, o desfiladero (que me recordó a Talampaya), y que tiene un ancho variable, de tres a ocho metros.






 El desfiladero tiene 1400 metros de longitud, y al final aparece El Tesoro tallado en la roca, que es realmente espectacular.





Adentro dicen que no hay nada, pero no se puede entrar.
Allí nuestro guía Ibrahim nos dio veinte minutos para admirar El Tesoro (había camellos para los que quisieran subirse y dar una vuelta, decenas de niños ofreciendo postales, pulseras y collares) para después seguir viendo otros monumentos.
La ciudad fue fundada por los edomitas en el siglo VII antes de Cristo, y era lugar de paso de las caravanas que llevaban incienso y especias entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo. En el siglo IV A.C. se establecieron allí los nabateos y en el año 50 A.C. fue su apogeo, siendo sometida por Roma en el año 63 A.C.. Formó parte del Imperio Romano de Oriente a partir del año 330 y fue abandonada por sus habitantes después de un gran terremoto. Recién en 1812 fue redescubierta por un suizo que se disfrazó de beduino.
Tan embobada quedé mirando El Tesoro (que se llama así porque los beduinos decían que allí había un tesoro escondido) que no me di cuenta que me había perdido del grupo. Ví que había pasado media hora y no veía a nadie conocido. Allí habia otro guía que hablaba en inglés con su grupo, esperé que terminara, me acerqué, y le pregunté en qué dirección iban los grupos después de El Tesoro, porque me parecía que había perdido el mío. Me dijo que era hacia la derecha, y que había un solo camino, así que no debía preocuparme porque seguro los iba a encontrar.
Así que caminé en la dirección que me indicó y los encontré cien metros más adelante.
Después del Tesoro aparecieron muchos otros monumentos, puertas y cuevas tallados en las rocas.



Hay otra fachada, según dicen menos espectacular que El Tesoro, que se llama El Monasterio, pero para acceder hay que subir 1200 escalones. Hice este cálculo: cada piso del edificio de mi estudio tiene 21 -los conté alguna vez que no andaba el ascensor-, es decir que 1200 escalones equivale a 60 pisos. Desistí de subir. También se podía subir en burro, pero esta opción era menos tentadora aún para mi.
Así que me quedé en el restaurante, había un buffet libre y comí aceitunas, pollo, fideos, carne, papas y falafel, que son unas albóndigas de garbanzo típicas de Jordania. Estoy revolucionaria con la comida, es la primera vez en mi vida que comí garbanzos, y el falafel es muy rico!!



De postre había una especie de flanes (pero más firmes) de distintos sabores.



Esta información es para mis amigas que estaban preocupadas porque pensaban que yo iba a pasar hambre en Jordania.
Empecé a caminar despacio hacia la entrada del desfiladero, donde debíamos encontrarnos a las 15,30. En el camino cien niños intentaron venderme postales y pulseras. Le pregunté a uno de ellos en inglés porqué no estaba en la escuela y me dijo que estaba de vacaciones de Navidad.


Cien beduinos me preguntaron “Want to ride a donkey, madame?” ó “Want to ride a camel, madame?”.
Aparecieron otra vez las Tumbas Reales y las puertas y cuevas talladas en las rocas.








Y llegué otra vez a El Tesoro, que vi distinto con otra luz, pero igual de espectacular.


Seguí por el desfiladero hasta llegar a la entrada.



En mi programa había una caminata nocturna hasta El Tesoro a la luz de las velas pero decidí no ir. Hoy caminé más de 10 kilómetros y no me resultaría placentera una nueva caminata de 5 kilómetros de noche para ver lo mismo que vi de día, y el camino en algunas partes es irregular y pedregoso.
Volvimos en ómnibus al hotel los únicos cinco del grupo que nos quedamos esta noche en Petra, los demás se volvieron hoy a Amman.
Llegamos de vuelta al hotel cerca de las cinco de la tarde, y ya se estaba poniendo el sol. Así se veía desde la ventana de mi cuarto.



Más tarde bajé a comer algo y me fui a dormir.

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