sábado, 30 de junio de 2012

VIAJE A PANAMA Y COLOMBIA - CRUCE DEL CANAL


Sábado 1/10/2011. Me había bañado la noche anterior y puse el despertador 5,45 para desayunar tranquila 6,30 porque a las 7,30 me venían a buscar para hacer la travesía en barco por el canal de Panamá.
A las 5,50 sonó el teléfono y un hombre de la agencia me dijo que ya estaba abajo para salir a las 6. Tuve que acelerar los trámites y salir en ayunas. Mis aventuras del día recién empezaban.
Me dejó en el muelle de la isla Naos, en la zona de Amador, a las 6,15. El barco salió a las 8! O sea que estuve ahí en ayunas 1,45 horas.
Subimos al barco, éramos casi 100 personas, más o menos la mitad hacía el tránsito parcial hasta Gamboa, y el resto íbamos a Colon, sobre el Atlántico.
Un gordo pelado de nombre Juan Carlos era el guía, dejaba bastante que desear en su función.
Pasamos por la exclusas de Miraflores, esta vez desde el agua. Hoy descubrí que no es una vía de ida y otra de vuelta, como yo pensaba, sino que usan cada vía como necesitan en el momento, cuando pasamos las exclusas en las dos vías había barcos hacia el Atlántico. Se ubican los barcos en el canal, se cierran las compuertas y se llena el canal de agua, los barcos van subiendo a medida que sube el nivel. Cuando el agua llega al nivel de la siguiente pileta, se abren las compuertas y el barco avanza.





En el barco sirvieron desayuno bastante completo, y almuerzo a partir de las once. Había carne, pollo, papas al horno y ensaladas y de postre muffins de jengibre, piña cortada en pedazos y bananas. Tenedor libre, y canilla libre de agua y gaseosas, café y té.
Pasamos por el Puente de las Américas que es el último tramo de la Panamericana que empieza en Alaska.



Una vez que pasamos las dos exclusas de Miraflores, ingresamos al lago Miraflores, que forma parte del sistema hídrico del canal, y es producto del cambio del cauce del río Chagres que hicieron los yanquis a principios del siglo XX. Allí cerca hoy otro puente que se llama Centenario, y que es de 1903, en que se cumplieron 100 años desde que Panamá se independizó de Colombia.



A las 16,30 el barco ancló en el lago Gatun, a 1000 metros de las exclusas de Gatun (de ahí se sale al Atlántico, que allí se llama Mar Caribe) y Juan Carlos anunció que le habían informado las autoridades del Canal que nuestro barco tenía turno a las 19 horas. El práctico del Canal que se había hecho cargo del barco se bajó –lo vino a buscar un bote- y no quedaba más que comer y esperar.
Estaba muy nublado y lloviznaba. Hay mucho movimiento en el canal, muchos barcos anclados esperando para pasar.




Un hombre se sentía mal, era de un grupo de hombres franceses, eran cinco o seis, y sólo uno de ellos hablaba español, y no era el enfermo. El hombre estaba parado en la popa, sujeto a una baranda, y se negaba a sentarse y a acostarse, como le aconsejaban. También se negaba a que llamaran a la ambulancia.
En un momento uno de sus compañeros lo acompañó al baño y se escuchaban gritos desgarradores.
En el barco también había tres hermanas mexicanas con la madre y el marido de una de ellas. Varias veces durante la espera bailaron y cantaron. Una de las mexicanas le decía al único de los franceses que entendía español que era mejor que a su compañero lo viera un médico, porque podía ser apendicitis, podía reventar el apéndice, y después tenían que operarlo y sacarle todos los órganos afuera para limpiarlos. El francés en ese momento hubiera querido no entender lo que estaba oyendo.
Finalmente el francés testarudo aceptó que llamaran a la ambulancia. Desde el momento en que la llamaron hasta que llegó el bote con la policía y el médico, debe haber pasado fácilmente una hora. Incomprensible cómo, si sólo podía caminar sostenido por uno de sus amigos a cada lado y a pequeños pasos, pudo pasar al bote que se acercó al nuestro. Pero lo hizo y se fueron.
Del Canal habían avisado que nuestro paso por las exclusas iba a ser a las 19,30 y no a las 19, pero había que esperar al práctico, porque sin él ningún barco puede atravesar el canal, y llegó cerca de las 8. Una vez que levantaron el ancla y avanzamos hacia la primera exclusa el proceso fue rápido, porque acá es inverso, sacan el agua de los canales para que baje el nivel, y hay tres tramos. Los canales son bastante más anchos que en Miraflores.
Después de salir todavía quedaba una hora más de navegación hasta llegar al muelle de Colón donde desembarcariamos. Allí nos estaban esperando dos buses. Le pregunté a Juan Carlos donde nos iban a dejar y me contestó que en el mismo lugar del cual habíamos salido, y que era responsabilidad de la agencia contratada ir a buscarnos allí.
Todo ese proceso, el pasaje por las exclusas de Gatun, la hora de navegación hasta el muelle, el desembarco, y la vuelta en bus a Panamá tomó varias horas, porque llegamos a la zona de Amador a las 2 menos 10 de la mañana (nada menos que 20 horas). En Amador había varios buses, pero no el de mi agencia, y un montón de chicos jóvenes que venían de una fiesta en un barco. No podía creer que me hubieran dejado abandonada a las 2 de la mañana en una ciudad casi desconocida. En ese lugar, que supongo que es una dependencia del puerto, había un guardia armado (ametralladora, escopeta o algo por el estilo). Le conté lo que me pasaba y le pedí ayuda. Le pregunté cómo podía conseguir un taxi. Desde su celular llamó a varios pero ninguno le contestó. Me dijo que por la calzada de Amador pasaban taxis y me acompañó 200 metros hasta allí. Sólo pasaban autos particulares, pedí un milagro y apareció un taxi después de unos 20 minutos. El taxista tenía ciertos delirios místicos, y me dijo que se llamaba Daniel como el profeta, y que siempre aparecía cuando la gente lo necesitaba. Su misticismo no le impidió cobrarme 10 dolares por el viaje, pero yo no estaba en condiciones de discutir el precio. Llegué al hotel 2 y 20 de la mañana. 

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