martes, 3 de julio de 2012

VIAJE A ITALIA - DE SALERNO A TAORMINA


Martes 10/1/2012. PADULA. PAOLA. TAORMINA. Desayunamos y a las 8 salimos hacia el sur bordeando el Mar Tirreno. Se ven montañas nevadas. Frío y mucho sol, mis labios se están cayendo a pedazos. Sigo sin conexión.

Paramos en Padula, donde está el Convento de San Lorenzo y donde nació Joe Petrosino. En la ruta nos esperaba Nino, su sobrino nieto, para contarnos la historia y llevarnos al museo, junto con Carmela, una venezolana que vive hace veinte años en el pueblo y le hace de traductora, porque Nino sólo habla italiano.

Joe Petrosino era el mayor de seis hermanos (el menor era el abuelo de Nino) que se fue a USA a los 13 años y se hizo policía. Se hizo famoso por descubrir crímenes de la mafia en Nueva York. Volvió a Italia en 1909 para descubrir conexiones de la mafia en Sicilia y lo mataron de cuatro tiros. En el pueblo hay murales que recuerdan la historia de Joe Petrosino y Nino teatralizaba cada escena.




Dijo que su tío abuelo y Cristóbal Colón eran los dos italianos más famosos en América. En la casa, que está decorada con los muebles de la época, fotos, artículos periodísticos y objetos que pertenecieron a Joe Petrosino, el reloj está parado a las 14,20, hora en que lo mataron, y hay una empleada con el uniforme de la policía de Nueva York. Lo enterraron en esa ciudad por pedido del presidente Roosevelt. Hay fotos del funeral. Con su estilo tan histriónico Nino contó que Joe había dejado a su esposa y a su hija de tres meses en Nueva York y había vuelto a Italia de incógnito, para descubrir crímenes de la mafia. Estaba comiendo con su hermano cuando se enteró que en el diario daban la noticia de su regreso a Italia, y ahí comprendió que alguien lo había traicionado. Nino escribió un libro con los recuerdos de familia que le contaba su abuelo, y lo ofreció. Algunos se lo compraron, no yo.

Para llegar al museo caminamos por el pueblo con callecitas angostas, escaleras y terrazas. Desde arriba se ve la planta del Convento de San Lorenzo.


Seguimos hacia el sur y una hora después paramos a comer. Yo sólo tomé un café y un gelato de limón exquisito, pero los demás comían como si no hubieran desayunado.

El celular gasta mucha batería, y yo pensé que funcionaba mal e iba a tener que comprar una nueva, pero un chico del grupo que tiene el mismo problema de conexión que yo me dijo que la búsqueda permanente de conexiones le consume la batería.

Más tarde entramos en Calabria, en el empeine de la bota, siempre a la derecha tenemos el Mar Tirreno.

Paramos en el Santuario de San Francisco de Paola, y el griego nos dijo que estaban la iglesia antigua y la nueva. Entré en las dos, la moderna era absolutamente desproporcionada, a escala italiana.



Luego continuamos por el mismo camino hacia el Puerto de San Giovanni para cruzar en ferry el estrecho de Messina y pasar a Sicilia.

Era un tremendo ferry como los que usan los griegos, subimos con el bus y podíamos bajarnos, pero antes de los quince minutos que tarda en cruzar debíamos volver al bus. Como tenía muchísima hambre bajé a comprar algo, pero lo unico que había abierto era una máquina, y me compré un chocolate caliente. Una vez desembarcados en Sicilia, en una hora llegamos a Taormina al Hotel Villa Esperia, que está al lado del mar. Ya eran las 20 y noche cerrada. Ni bien entramos en Sicilia recuperé la conexión y entraron muchos mails.

A las 9 teníamos incluida la cena en el hotel. Eran mesas de cuatro y me senté con la pareja que viaja con su hija de 10 años. Son los dos ingenieros agrónomos, vivieron siete años en Israel trabajando en una colonia agrícola y tienen una representación en Argentina de una empresa israelí que vende invernaderos.

Comimos pasta, papas (no comí el pescado) y tomé una copa de vino rosso.

El hotel tiene una terracita cubierta donde se puede fumar, y me reuní allí con los demás del grupo. Nos quedamos charlando hasta tarde porque mañana no hay actividades programadas.

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