jueves, 5 de julio de 2012

VIAJE A PERU - LIMA


Sábado 31/3/2012. No puse el despertador, porque esta mañana no tengo actividades programadas, pero igual me levanté tempranísimo y a las 7 estaba desayunando. Otro atracón de frutas tropicales.
Pregunté en el hotel cómo ir al Museo Arqueológico y me dijeron que queda en Pueblo Libre y que fuera en taxi. Pregunté cuanto costaba y me dijeron que en taxi llamado por el hotel 70 soles. Decidí que era demasiado caro y dije que lo iba a pensar.
Me fui a cambiar dolares por soles y después caminando por Larco hasta el Parque Kennedy. Le pregunté a un policía cómo ir en bus al Museo Arqueológico y no sólo me indicó sino que me acompañó unos metros hasta la parada. Era un colectivo chiquito, no más de 15 asientos, con un guarda que cobraba los boletos, y que en cada parada se bajaba y a viva voz exhortaba a los transeúntes a subir. Era muy pintoresco. Me cobró un sol con cincuenta.
Tomó por la Avenida Arequipa, cuyo nombre me sonó muy familiar porque Vargas Llosa la nombra en sus libros, y descubrí con alivio que en esa zona todavía quedan varias casas antiguas en pie. El guarda me indicó donde tenía que bajar y que tenía que cruzar la avenida y me señaló el museo en la vereda de enfrente.
Cuando llegué a la entrada me di cuenta de que era el Museo Larco donde había llegado y no al Arqueológico. Pregunté en la puerta por el Museo Arqueológico y el hombre me señaló una línea azul pintada en la vereda y me dijo que la siguiera, que al final de esa línea lo iba a encontrar. Caminé como ocho cuadras siguiendo la línea azul que hacía zig zags, cruzaba calles, en algunos tramos estaba despintada pero más allá seguía, hasta que se terminó, pero allí no estaba el museo, tuve que preguntar y me indicaron, todavía faltaban dos cuadras. Finalmente llegué, y lo encontré frente a una plaza. El sol estaba muy fuerte y tenía la cara y los brazos ardiendo.
Me ofrecieron y acepté una visita guiada. Una chiquita muy joven me explicó que hubo presencia humana en Perú desde el año 14.000 a.C., y me fue llevando por las salas para ver objetos de las culturas Kotosh, Chavin, Pukara, Wari e Inca. Lo más impresionante: el Obelisco Tello de la cultura Chavin, donde está la figura de un caimán con multitud de plantas y animales grabados en la piedra, y los cráneos operados de los guerreros.



Cuando terminó la visita le pregunté al guardia de la puerta como volver a Miraflores y me dijo que fuera hasta la Avenida Brasil, a cuatro cuadras. En esa avenida me había bajado del colectivo. Tiene cuatro carriles centrales por donde pasan los buses y dos carriles más a cada lado para autos. Tomé un bus más grande esta vez, pero también tenía un guardia que bajaba en cada parada para conseguir pasajeros, que me cobró un sol y me dejó en el Parque Kennedy. Desde allí caminé hasta el hotel, pero en el camino me compré un helado de lúcuma (otra fruta tropical exquisita y desconocida) y mango, al cual le agregué trocitos de mango, de frutilla, de cereza y coco rallado. Lo cobraban por peso, y se podía agregar lo que uno quisiera de una inmensa variedad de fuentes. Un manjar a 11,50 soles.
A las 2 de la tarde empezaba la visita guiada por Lima. El grupo recién había llegado de Buenos Aires y salimos con media hora de retraso. La primera parada fue en el Parque del Amor, inaugurado el día de San Valentín de 1993, un año después de la detención de Abimael Guzmán y como mensaje de esperanza después de doce años de terrorismo de Sendero Luminoso y 70.000 muertos. Hay una gran estatua de una pareja besándose, muchas flores y muros de colores con mensajes románticos. Está al lado del mar.






Francisco Pizarro fundó la ciudad en 1535 y la llamó la Ciudad de los Reyes, porque sus hombres habían descubierto el lugar el 6 de enero. En 1821 se declaró la independencia. En 1879 hubo guerra entre Chile y Perú, y Perú perdió la guerra y parte de su territorio. Todo esto lo contó el guía que se llama Eder en el viaje.
La segunda parada fue en San isidro, en un sitio arqueológico llamado Huallamarca, centro religioso y administrativo de una cultura boliviana del año 300 DC. En un pequeño museo, habia una momia impresionante, con pelo y uñas, y rasgos muy bien conservados.



Pasamos con el bus por la Plaza Bolognesi, que recuerda a un héroe de la guerra con Chile, por la Plaza Grau, por un edificio de departamentos de estilo francés, la Plaza San Martín, y bajamos en la Plaza de Armas que es una preciosidad. Sobre uno de los lados de la Plaza, la Catedral y el Palacio Arzobispal, enfrente la Alcaldía. Sobre los otros lados de la Plaza, la Casa de Gobierno y edificios pintados de amarillo con balcones de madera.





De allí caminamos hasta el Convento de Santo Domingo. Vimos los claustros, la sala de espera con cielorraso renacentista, la Sala Capitular donde se fundó la Universidad de San Marcos, la primera de América, y la iglesia, con los cráneos de Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, ambos limeños.




De vuelta a Miraflores, pasamos por la Embajada Argentina, que es un edificio muy bonito de color rosa, que el Perú nos regaló en el centenario de su independencia en agradecimiento por haber sido un argentino quien la declaró.



Volví al hotel a las 5 de la tarde y llamé por teléfono a Rosario, amiga de mi amiga Graciela, quien insistió en que la llamara, aunque yo tenía reparos, porque no quería que se sintiera en la obligación de entretenerme. Me invitó a su casa, que está muy cerca del hotel aquí en Miraflores, y conocí a su marido, que es peruano, que fue su novio de juventud y con quien se reencontró después de muchos años cuando ambos estaban divorciados. Tiene un departamento muy alegre con cuadros y esculturas de su marido Ciro, que es artista plástico y profesor de la Universidad de Lima. Fuimos al centro comercial Larcomar y después a pasear por Barranco. Me sentí muy cómoda con ellos, ambos son muy agradables. Después me dejaron en el hotel y me fui a dormir. 

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