martes, 21 de agosto de 2012

VIAJE A ESPAÑA Y PORTUGAL - ULTIMO DIA EN LISBOA Y VUELTA A BUENOS AIRES


Lunes 31/1/2011. Otro hermoso día frío y con sol, y el último del viaje. A las 11,35 de la noche sale el avión. Fui a TAP, que está aquí cerca en la Plaza del Marqués de Pombal,  y confirmé el vuelo. Como los lunes están cerrados los museos decidimos ir al Jardín Zoológico, que está abierto todos los días. Hacía más frío que ayer.


El zoológico está a cuatro estaciones de metro. A las 11 vimos un show de lobos marinos y delfines. Eramos unos 30 espectadores. La entrenadora hizo caminar al lobo marino por las gradas y besarlos a uno por uno. Axel y yo huimos hacia arriba.





Cuando terminó el show paseamos viendo los animales. Había cisnes negros:


Vimos jirafas chupando las paredes de su casita y otras chupando las ramas secas de los árboles!



Más tarde vimos otro show de pájaros volando de un entrenador a otro. Hacían vuelos rasantes por nuestras cabezas.


Vimos el okapis, que es un animal que yo nunca había visto, de lo más pintoresco, de la familia de las jirafas, descubierto en Africa en el siglo XX:


Había gran cantidad de flamencos de color naranja:


Tampoco recuerdo haber visto antes este curioso animal que se llama bongo:


A las 2,15 tomamos el trencito que nos llevó a pasear por el zoológico. Hay un telesférico pero no funcionaba:


A las 3 salimos y fuimos a comer algo caliente, hacía mucho frío, y volvimos al hotel en el metro.
Cuando a la ida habíamos tomado el metro en la estación del Marqués de Pombal, en una tarima entre las vías que iban a uno y a otro lado, había una estatua de espaldas. Pensé que era el Marqués de Pombal, y nos bajamos en esa estación cuando volvimos para verlo de frente. Pero de este lado también estaba de espaldas!! La misma figura estaba a la salida de la estación, también de espaldas.


Volvimos al hotel y a las 8 nos fuimos para el aeropuerto. El avión salió puntual a las 23,35, pero el viaje fue una tortura. Nos tocaron los asientos al lado del ala, así que había lugar para tener las piernas estiradas. Pero el ruido del motor durante diez horas que duró el viaje fue matador. Además ahí estaba el baño, y cada vez que alguien entraba se prendía la luz. Me dormí 100 veces, y otras 100 me desperté, por el ruido, por la luz o por la turbulencia. Cuando llegamos a San Pablo esperamos siete horas el vuelo a Buenos Aires. Otras tres horas de avión y llegamos. En compensación aquí hay un clima agradable.
Fue un viaje fascinante, pero ya tenía ganas de volver a casa.



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