domingo, 12 de agosto de 2012

VIAJE A SANTA FE


Jueves 28-10-2010. A las 6,30 me vino a buscar un remise, la combi salía para Santa Fe a las 7 desde la casa de Zoraida en Florida. Alec estaba despierto y se sentía muy mal. Devolvió cuatro o cinco veces antes de que me fuera. Parecía estabilizado. La combi salió puntual y éramos 16 personas, incluidos Elsa, la guía, y José Luis, el chofer. En el viaje le envié mensajes a Cristina Agrelo y a Horacio Geller y un mail a Graciela Bastitta, todos ellos cumplen años hoy.
Paramos en San Nicolás 15 minutos y seguimos hasta Rosario. Las únicas personas que yo conocía de antes eran Cristina Lopez, Stella, Zoraida y Raúl.
En Rosario nos estaba esperando una guía local para hacer un city tour. Recorrimos el Parque Independencia y la ribera del Paraná.







Pasamos por el Arroyo Ludueña, donde hay una marina con veleros:


Llegamos al Barrio Alberdi, donde está el puente colgante Rosario Victoria.




Allí bajamos y hay grandes barrancas, y bajamos hasta la costa en un ascensor con piso de hierro cuadriculado. Era un poco impresionante mirar hacia abajo. Esos son mis pies.


La guía no era buena, no terminaba las oraciones y era bastante confusa. Muchos árboles florecidos de amarillo, que me dijo que eran acacias, y mucho calor.




Este era el ascensor visto desde abajo. Es gratuito.


Enfrente se ve la ciudad de Rosario. Esta foto la saqué con zoom.


Volvimos a subir en el ascensor y recorrimos en la combi los barrios Alem y Pichincha, éste último famoso por los prostíbulos de principios del siglo XX. La guía contó la historia de Agata Galifi, hija de un mafioso de Rosario cuya historia tengo que leer.

El barrio Alberdi tiene grandes barrancas sobre el río y muchísimos árboles.



Llegamos al Monumento a la Bandera. En la gran plazoleta estaba la bandera a media asta porque el día anterior había muerto Kirchner.


El sol era impiadoso, y el lugar es gigantesco. Es de mármol travertino sin pulir y fue inaugurado en 1957.



Allí hay esculturas de Lola Mora.



Hay un museo donde figuran todos los países de América con su ubicación en el mapa, su bandera y su himno nacional, llamado Galería de Honor de las Banderas de América. Descubrí que hay un país de América de cuya existencia no tenía idea y que se llama Santa Lucía. Está en el Caribe y es una isla.


Donde termina el Monumento a la Bandera está la Catedral.


Enfrente, el Consejo Deliberante de Rosario:


Fuimos a almorzar a un restaurante, y después seguimos en la combi a Sunchales. Apenas salimos de Rosario y vi una estructura triangular. A medida que nos acercábamos, me pareció que era el puente Rosario Victoria. Fui para adelante a sacarle una foto y le pregunté a la guía, que le pegó un grito al chofer.


Se había equivocado y estaba yendo a Entre Ríos. Tuvimos que dar la vuelta. Llegamos de noche al hotel Casic y fuimos a comer a un restaurante justo enfrente del hotel. Después caminamos por la calle principal hasta la plaza, no había un alma en las calles. 

Viernes 29-10-2010. A las 7 yo ya estaba desayunando. Sunchales es un pueblo ganadero, muy arbolado y con calles muy limpias y casas muy lindas. Allí está Sancor.
El hotel tiene un patio central con una gran pileta y mesas.



Me senté allí a fumar un cigarrillo y me vino a saludar Paulo Adorno, del Estudio Kiperman, que estaba  trabajando en una empresa relacionada a Sancor. Que chico es el mundo.
A las 9,30 salimos en la combi hacia Moisesville, que la guía pronunciaba ¨monsesviye¨ invariablemente.
Frente a la plaza está el Museo Comunal, que fue abierto para nosotros y funciona en el edificio del antiguo correo. Es raro ver gente caminando por el pueblo, igual que en Sunchales. Nos atendió una señora que se llamaba Golde, nacida en una colonia judía de Entre Ríos, y que vino a casarse y a vivir en Moisesville. Había dos chicas jóvenes, Judith y Analía, que nos explicaron detalles del Museo. Judith era más bien callada, pero Analía era muy conversadora, me contó que su tatarabuelo habia llegado en 1889. Parecía de 35 años pero tiene casi 50, y dos hijos estudiando en Santa Fe. Sus padres conservan las tierras de sus antepasados y son productores agropecuarios.
Ella contó la historia de la colonia. Los primeros inmigrantes eran 824 personas que huían de la persecución de los progroms en la Rusia zarista. Había oficinas argentinas en Europa para promover la inmigración, y a través de alguna de ellas los inmigrantes compraron tierras a Rafael Hernandez (hermano de José Hernandez). Fueron en tren hasta Bremen y allí tomaron el barco Vessel que los trajo a Argentina, donde llegaron el 14 de agosto de 1889. No consiguieron tomar posesión de las tierras que habían comprado, y otros residentes en Buenos Aires que conocían su idioma los pusieron en contacto con gente de la provincia de Santa Fe. Traían consigo sus enseres domésticos, el samovar y elementos religiosos. Entre ellos había un rabino llamado Aaron Goldman.
Cuando llegaron a la estación de Palacios, en Santa Fe, en tren, buscando las tierras prometidas sólo encontraron la estación de tren en construcción. Se quedaron allí provisoriamente y allí murieron 60 de sus hijos, se cree que de tifus. Los enterraron dentro de cilindros vacíos de kerosene. El 23 de octubre paró el tren, y en él viajaba un médico austríaco llamado Luebental, que entendía su idioma y se interesó por su situación. Se contactó con el Gobierno de Santa Fe y el Ministerio de Relaciones Exteriores y consiguió que les entregaran las tierras más al norte, hoy Moisesville, adonde llegaron a fines de octubre de 1889. Italianos establecidos en las inmediaciones les marcaron el surco hasta allí y les dieron nociones básicas de agricultura. Decidieron llamar al lugar Moisesville, comparando la salida de Rusia con la salida histórica de Egipto.
Tiempo después el Dr. Luebental se encontró en Europa con el Barón Hirsch, que era un filántropo, y éste ayudó a otros inmigrantes a establecerse en Argentina, en Santa Fe, Entre Ríos y Carlos Casares, Pcia de BA. Pero Moisesville fue la primera colonía judía del país y fue reconocida oficialmente como poblado histórico nacional.
Cada familia tenía 10 hectáreas y pagaron $ 45 cada hectárea. Se establecieron en franjas, para construir las casas unas cerca de otras y protegerse mutuamente.
Una vez establecidos, crearon una escuela primaria, construyeron cuatro sinagogas, el Teatro Kadima (que significa ädelante¨, una orquesta, sociedad de beneficencia, La Mutua Cooperativa Agrícola Ltda, una granja escuela llamada El Alba, en la cual se enseñaban las tareas básicas del campo. Cuando las escuelas pasaron a ser de la Nación formaron una escuela complementaria de hebreo. 
Actualmente el pueblo tiene 2600 habitantes, de los cuales son judíos menos del 30%. La mayoría de los habitantes son productores agropecuarios.
Dentro del museo hay documentos de los colonos, billetes rusos, pasaportes en los cuales se indicaba que su poseedor era judío con una J roja, cartas, testimonios de la vida en los progroms, cuadros, elementos de la vida cotidiana, vajilla, ropa.





El Teatro Kadima está frente a la plaza y se empezó a construir en 1909. En un principio fue biblioteca y centro cultural. Fue inaugurado oficialmente en octubre de 1929 y para la ocasión llegó una cantante de ópera rusa. Hasta la década de 1980 allí se proyectaban películas cinco veces a la semana. Tiene 350 butacas en la planta baja y 150 más en el piso superior, donde también hay un salón con gran cantidad de libros.
Actualmente se usa para reuniones, colaciones de grado, fiestas. En las paredes hay unos adornos que parecen ojos de buey, en los cuales originalmente se colocaban lámparas de kerosene para iluminarlo, y las butacas tenian debajo un gancho para colgar el sombrero. En la época de la colonia había un grupo de teatro de aficionados y allí funcionaba una escuela de español para los recien llegados.



Moisesville se precia de ser un pueblo de integración cultural: no hay actividades ni el Día del Perdón ni el 24 de septiembre, en el cual se festeja la fiesta patronal de la Virgen de la Merced. Navidad coincide con la fiesta judía de las luminarias, y en la plaza conviven el árbol de Navidad y la januka, que es un candelabro litúrgico de ocho velas.
Frente a la plaza no hay iglesia ni municipalidad, sólo casas y la Sociedad Kadima.
Más tarde fuimos a la Escuela Complementaria Hebrea, en la cual actualmente hay sólo 18 alumnos. Pero hasta 2005 se habían recibido allí 600 maestros de hebreo, entre ellos nuestras guías Analía y Judith.



Cerquita de allí está la sinagoga Barón Hirsch, monumento histórico nacional y actualmente en reparaciones. En el siglo XX había cuatro sinagogas en el pueblo, subsisten 3, una fue demolida, y su tabernáculo (especie de armario donde se guardan los rollos de la torah) está en el museo.


Le pregunté a Analía cual era la diferencia entre el idish y el hebreo, y me explicó que se escriben muy similar y se pronuncian distinto, el idish era el idioma que hablaba la gente y el hebreo era el lenguaje litúrgico, que luego fue adoptado como lengua oficial del Estado de Israel.
Pasamos también por la biblioteca.


Había mucho viento y frío cuando llegamos al cementerio, que es de 1891, y fue el primer cementerio judío del país. La religión sólo permite enterramientos bajo tierra, no los nichos ni la cremación. Hay tumbas muy antiguas cuyas inscripciones en la piedra se han borrado, hay otras con fotos, hay lápidas escritas sólo en idish y otras en idish y en español. Hay una parte con arbustos de flores azules en la cual se cree que fueron enterrados los 70 niños muertos presumiblemente de tifus en 1889. También está el sector separado de los suicidas, que antiguamente las normas impedían enterrar cerca de los demás.
La siguiente visita fue a la sinagoga Brennen que fue la primera en ser construida y data de 1889. Es la única en la cual actualmente se hacen oficios religiosos. En Moisesville no hay rabino, sólo un jasan, que es un cantor litúrgico con menos jerarquía.


En todas las sinagogas hay galerías en la parte superior para las mujeres, que ya no se usan, porque las ceremonias son mixtas entre los no ortodoxos. Los púlpitos están elevados y en el centro, como en las sinagogas de Rusia y Polonia. En el fondo, que mira hacia el este, donde está Jerusalén, está el tabernáculo, una especie de armario donde se guardan los rollos de la torah, el libro sagrado. Sólo hay rollos en las sinagogas que hacen oficios religiosos.
La última de las sinagogas es la Arbeten, la de los obreros, más sencilla que las otras dos.


 Fuimos a tomar un café –el tiempo estaba frío y ventoso-, compramos strudel y torta de miel en la panadería y a las 7 volvimos a la sinagoga Brennen a participar de la ceremonia del Kabalat Shabat, El mismo jasan, el cantor litúrgico, vino y abrió la puerta. Era Luis, un hombre de unos 50 años, muy simpático y muy quemado por el sol, vestido normalmente con jeans y camisa, con una voz de barítono. Cuando subió al púlpito se puso una especie de chal y el sombrerito. Nos invitó a sentarnos y a seguir los cánticos en hebreo con unas fotocopias que estaban allí, escritos en caracteres latinos en fonética. En el mismo banco se sentó Analía, que también tiene voz muy fuerte. Cantamos durante una hora, fue un poco largo, varias veces me perdí porque por supuesto no entendía nada. Vi que se repetía muchas veces la palabra ¨adonai¨y le pregunté a Analía qué significaba. Obvio, era ¨dios´, debí imaginarlo. El cántico me recordó al que escuché en Estambul cuando llamaban a los fieles a la mezquita, como una letanía.
Terminada la ceremonia, nos saludamos por indicación de Luis diciendo ¨Shabat Shalom¨, buenos deseos al prójimo. Allí mismo a la entrada había una mesa con vasos, gaseosas, pan trenzado, masitas de miel y nueces y otras redonditas. Lo hacen todas los viernes a la tardecita y tiene una evidente intención social de reunión de la comunidad.
La ultima actividad fue la cena con comida típica. Muchísimas verduras, pescado, knisches de papa. Lo único que probé fueron los knisches, pero tenían mucho gusto a cebolla. La cocinera me vino a preguntar si quería un omelette de queso y me lo trajo.
Llegamos al hotel en Sunchales quince horas después de salir, a las 12,30. Una jornada muy larga.

Sábado 30-10-2010. A las 7 estaba desayunando, yo sola. El desayuno del hotel Casic es excelente, muy completo. Me encontré otra vez con Paulo Adorno, que estaba desayunando con otro muchacho y me dijo que ya se volvían a BA. Me dijo que le había comentado a la gente de la empresa de este circuito y le habían dicho que no tenía ningún interés. Para mi, que me interesa la historia, es fascinante. Esta es la calle principal de Sunchales, un tráfico endemoniado!! El edificio de la izquierda es el hotel Casic.


A las 9,30 salimos para Palacios, primera escala en la zona de los inmigrantes de 1889  Alli hay un galpón usurpado y la oficina de Pedro Palacios que en esa época trató con los inmigrantes.



Vimos a un señor de más de 80 años que se definió a sí mismo como el ´ultimo gaucho judío de Palacios´, a quien Elsa conocía, que se ocupó de reciclar la sinagoga con plata propia de su actividad agropecuaria.
Fuimos a la sinagoga, en la cual no se hacen oficios religiosos. En la parte superior de la entrada dice: ´Esta es la puerta de los justos´.


Hay una plaza que recuerda a los inmigrantes.


En Palacios hay actualmente 800 habitantes y hay escuela primaria pero no secundaria. Tres veces por semana pasa el tren de pasajeros que va a Tucumán, pero no para. Además hay trenes de carga.
Encontré una iglesia! Parecía rara aquí.


Muy cerca está la localidad de Las Palmeras, en la cual también hubo una colonia judía y quedan algunas personas de ese origen. Las Palmeras sólo tiene 680 habitantes y una sinagoga sencilla con el púlpito a ras del suelo en la cual tampoco se hacen ceremonias.
En Las Palmeras estuvimos en la estación de tren, donde hay un pequeño museo:



En todos los lugares la gente que nos atendió era sumamente amable y estaban encantados de que se interesaran en su cultura.
En el museo, una acción de la Cooperativa Agrícola La Mutua_


Volvimos a Sunchales a comer en una parrilla en la entrada del pueblo. Era todo exquisito. El viaje de vuelta fue muy largo, el chofer quiso acortar camino para tomar la autopista Santa Fe Rosario y tuvo que preguntar varias veces. Pasamos por un pueblo espectacular en Santa Fe que se llama Felicia. Grandes plazas, una iglesia enorme, casas suntuosas con grandes jardines. Paramos dos veces para tomar algo y estirar las piernas. Llegamos a Florida a las 23,30. De allí me tomé un remise y llegué a casa pasadas las 24.










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